La sanidad pública catalana padece desde sus comienzos un “copago” sistémico hacia el sector privado que ha ido saqueando las arcas públicas y ha dejado bajo mínimos los servicios a los ciudadanos.
Prueba de ello son las llamadas fundaciones o consorcios socio-sanitarios que no son más que una forma de desviar el dinero público hacia el sector privado. Casualmente estos consorcios están gestionados o por la iglesia o por personas que han pasado del sector público al privado o viceversa, las famosas “puertas giratorias”.

Mientras nuestro sistema público bajaba en inversiones, hemos observado cómo se construían modernas instalaciones para esos consorcios, que no olvidemos son “concertados” y que gran parte de esas inversiones han salido de las arcas públicas. En nuestra zona tenemos un buen ejemplo en la Fundación socio-sanitaria del Hospital de Mollet.

Mientras nuestras listas de espera han ido engordando, nuestros hospitales públicos cierran camas, pabellones e incluso quirófanos; se externalizan servicios como cocinas, limpieza, el Banco de Sangre; se deja de contratar personal para cubrir bajas, vacaciones, jubilaciones, etc., Nos han hecho creer que no había dinero y no quedaba otra que acudir a las concertadas para cubrir nuestras necesidades, cuando debemos tener muy claro que ese “concierto” lo paga el sistema público y encima con sobrecoste.

Paralelamente se da la paradoja que quirófanos de los grandes hospitales públicos son alquilados a la sanidad privada e incluso los mismos concertados los están utilizando por las tardes para realizar operaciones de las derivaciones que efectúa el servicio público.

¿Por qué lo llaman recortes cuando deberían llamarlo saqueo?